viernes, 26 de diciembre de 2014

Rosana: Llegaremos a tiempo






Sólo pueden contigo, si te acabas rindiendo,
Si disparan por fuera
Si te matan por dentro



martes, 9 de diciembre de 2014

Hacia una metafísica del El chavo de el ocho





Hacia una  metafísica de El chavo del ocho.

Lo que un artista pretende es que su obra tienda a perdurar.  La permanencia es el fruto esperado del esfuerzo de toda una vida, en una dedicación constante. La obra efímera, es un fruto desprendido, malogrado o prematuro, en la que a veces el artista, ha pretendido perdurar fácil y fallidamente.

No obstante, hay obras mal apreciadas, desconocidas, que se han abierto paso desde atrás del tiempo hasta llegar a ser íconos, modelos, clásicos, referencias de una manera de ver el mundo artísticamente. Pienso en que, por ejemplo,  no hubo una sola pintura de Vincent Van Gogh , que otra persona poseyera en vida de su autor.  Así como  hubo libros imperecederos, siempre vivos, que han ido madurando con el tiempo. Obras olvidadas, rescatadas de la intencionada oscuridad de la memoria donde  un grupo social las había  relegado, como los escritos y cuentos de Oscar Wilde; o aquellas obras, que fueron sencillamente  escondidos de sus autores mismos, como las novelas de Franz Kafka o los poemas de Emily Dickinson, y que tuvimos la suerte de que alguien las hiciera publicar.

En estos casos, vemos al artista en su solitario afán y emprendimiento en un rincón solitario de un paraje, una celda, un café o un cuarto, muy lejos de la tergiversación en que la obra artística queda envuelta, al convertirse en mercancía, y su autor, en mercader.

Hay circunstancias, empero,  en que la increíble creatividad del artista, se corresponde con  el tiempo y el lugar, con la circunstancia social precisa,  donde su obra y su idea, se adhiere a una fuerza ajena a sí mismas, y su arte se ve impulsado insólitamente por sobre toda la órbita terrestre de la fama y la permanencia. Ese es creo, el caso de Roberto Gómez Bolaños. 

Su creatividad en la escritura y producción de comedias televisivas, no se puede ver desligada de ciertos hechos específicos de su momento más impetuoso como artista, a saber: el desmedido apoyo de una cadena televisiva, estrechamente vinculada al poder político mexicano en la tierna década de los años setenta. Poderes, político y mediático, de larga existencia y  constante fortalecimiento. No se puede reflexionar sobre la obra de Chespirito sin entender qué es y ha sido Televisa en la comunicación masiva mexicana y latinoamericana y por otro lado, cual fue el clima político de ese momento,  representado en el unipartidarismo, como sustento de una sociedad que se debatía  entre la democracia moderna  y la tradición reformista.

Por otro lado, no se puede apreciar la obra de Chespirito sin la consideración del momento económico y social no solo nacional, sino regional y continental durante los primeros años de aquella  década. Y es que Chespirito, desde una perspectiva de reflexión muy general, surge en ese preciso momento en que las poblaciones urbanas se encuentran en un mayor y agudo crecimiento, en comparación con los  años previos,  aglutinándose aún más, en los nuevos suburbios y viejas barriadas tradicionales de las capitales latinoamericanas; atraídas por las nuevas opciones laborales de la ciudad urbanizada o en desarrollo,  gracias a la agilización de la manufactura y la industrialización, a  la promoción de oficios y carreras técnicas y a los nuevos mercados laborales, y  alejándose, al mismo tiempo, de las opciones ocupacionales del campo.  

El chavo del ocho, tiene su escenario y su audiencia, en las mismas poblaciones urbanas mayoritariamente obreras, que se iban alojando en extensas vecindades, mesones, favelas o barriadas de las urbes latinoamericanas,  y que entre otras cosas, a la par de su radicalización política, iban comenzando a sufrir los problemas sociales que la superpoblación, el desempleo, el hacinamiento  y la pobreza iba a ir haciendo cada día más patente y presente, particularmente, la  expulsión intrafamiliar y el surgimiento de una realidad hasta ese momento casi desconocida: el niño de la calle, y que hoy, ha devenido en el niño y la niña migrante.
Roberto Gómez Bolaños era un hombre inteligentísimo, que definió su público, coincidiendo con las prioridades de audiencia de Televisa para Latinoamérica.  

Fue un hombre que imaginó un personaje, que coincidía con ese ser real que se veía cada vez más cerca en cada esquina de esos conglomerados sociales. Fue un hombre que definió un escenario, fijo, permanente, donde ese personaje, y el resto de otras figuras típicas,  interaccionaban para representar un medio social que no cambiaba, que no permitía cambios, donde la pobreza se subsana con la risa, y la soledad con el juego. Donde los jardines se reemplazan por patios de cemento y las ventanas daban el mismo lado: hacia adentro.  Grupo endógeno, conservador, estratificado – del menos pobre al más pobre-, por donde se sucede una cadena de consecuencias y reacciones, que van a afectar en mayor medida al miembro más vulnerable de aquel grupo.

Quizá su mayor acierto en ese acierto fue el uso del lenguaje y la oralidad como medio de empatía cultural. La dinámica misma del habla popular, su plasticidad y su vivacidad creciente. Fijó un lugar, un grupo y un lenguaje. Con ello, creó o recreó una simulación cultural sin precedentes, en la producción televisiva. El énfasis, la enjundia comercial de las corporaciones de la comunicación masiva,  fue y ha sido tan brutal, que muchas expresiones del  español latinoamericano, no se pueden entender, sin considerar la dialogicidad inventada por Gómez Bolaños, que dicho sea, no de paso, escribió buena poesía, llena de imágenes memorables. 

El chavo, era ese mundo que se mira a sí mismo, ajeno a lo que va de Tlatelolco a La plaza de Mayo; de los gritos de Santiago de Chile contra Augusto Pinochet, o de San Salvador, contra el coronel Armando Molina. El chavo, nos hizo reír, con ese humor de cosas tan tangibles y tan tristes, para ocultar el llanto propio y el ajeno. Nos alejó de aquello que  sólo con las décadas, uno coloca y recoloca, en su justa dimensión, en su justo sitio: los sucesos fundamentales de la vida personal que nos conformaron y de la historia social que nos rodeaba.

Gómez Bolaños no necesitó de la alusión a una sexualidad discriminatoria o vulgarizada, para hacernos reír; ni de los efectos especiales hollywoodenses;  ni de los cuerpos semidesnudos o de los rostros guapos. Redujo, tradujo a un dialecto popular, y desfiguró al gran teatro clásico, para hacer un humor de palabras achicladas y de apodos, de caídas y tortazos. Es decir, hizo, lo que siempre hemos hecho sin decirlo: reírnos de los serio, de lo que no comprendemos, de lo galante o de lo formal, de lo que conlleva esfuerzo. Por ello, el salón de  escuela de El chavo, es el mayor caos, la mayor anarquía, y lo menos importante que se puede considerar. Grito, bullicio  e instrucción, es lo mismo y una cosa: relajo, desorden, changoneta, mugrero.
De forma paradójica, El chavo, Chespirito, representó el ser y el quehacer de esos mismos, que después, quisieron cambiar el mundo, pero quizá sin querer queriendo


lunes, 24 de noviembre de 2014

domingo, 23 de noviembre de 2014

Mariza: concierto en Lisboa





Después, quizá, de Amalia Rodriguez, es esta hermosa voz, la que canta con la más profunda y triste nostalgia de Portugal.





martes, 18 de noviembre de 2014

Emilio Lledó: Premio nacional de letras



Deletrear el Mundo
PALABRAS DE EMILIÓ LLEDÓ EN LA FERIA DEL LIBRO DE MADRID 2014
En el mundo de la realidad, estamos; pero en el mundo del lenguaje, de los libros, somos. Las silenciosas páginas que esperan a sus lectores muestran, entre otras cosas, que vivir es dialogar, entender, soñar, interpretar.
La lectura, en el surco del tiempo, nos arranca de ese originario silencio de cada existir. Leer es oír otras voces, descubrir otras conversaciones, enriquecer la sensibilidad y la inteligencia y, de paso, sentir el susurro de la escritura como un territorio de la posibilidad, de la creatividad; de recrearnos, de volver a ser, con todas esas voces que nos hablan (y nos ayudan).
Tendríamos que dar las gracias a esos autores que nos han dejado en sus páginas el sorprendente gozo de la escritura. Una forma de sostener el tiempo, de poner en las palabras que nos ofrecen la esperanza, la felicidad, la libertad de pensar, (de no dejarse manejar).
Este es el inmenso regalo que está en los libros, y que en el acto de leer, de deletrear el mundo, nos abre el maravilloso don de una inagotable compañía en la que aprendemos la amistad de las palabras. Y esa otra mirada: la de los libros que, a su vez, nos miran, y que son ya un reflejo de todas las vidas que nos acompañan y que nos liberan, para siempre, de la soledad.


Mythos, 
de Emilio Lledó

viernes, 14 de noviembre de 2014

Poesía y geografía







Antonio Muñoz Molina escribe un artículo fascinador, que toca tanto, el encanto de la literatura como la experiencia del lector, como viaje e inmersión.

Tomado de El País de España, de su nota semanal  Ida y vuelta.


http://cultura.elpais.com/cultura/2014/11/11/babelia/1415725151_293321.html

lunes, 10 de noviembre de 2014

Ternura plena: Melody at Night



Después de un año de total apatía y agotamiento, sin la fuerza necesaria para levantar la tapa de madera de su piano, Keith Jarrett, habla con su enfermedad (Síndrome de fatiga crónica)  y le interpela: “Acepto tu presencia, reconozco tus efectos… pero yo debo emprender este trabajo.” Se refería a ese bello y significativo álbum, que tituló: The melody at night, with you.

Era un regalo de amor a su pareja de muchos años. Era un renacer, desde la nulidad creativa,  hacia lo que antes había sido  la apasionada y febril búsqueda  de la perfecta melodía, de la interminable fuente de la improvisación genial de un loco, que ha maravillado al mundo con la luz de su locura.

A los cincuenta años, Jarret, estaba musicalmente muerto. Habían pasado cuarenta y dos años de su primer concierto público, donde el genio moderno, ya intercalaba melodías de otro gran niño genio llamado Amadeus, con sus propias creaciones.  Cuatro décadas febriles lo habían agotado, hasta el extremo.

Y en ese esfuerzo ingente de superar su languidez física y mental, furtivamente ha de haber caminado los pocos pasos que separan su estudio de paredes rojas, de su blanca casa, en medio de un bosque profuso de New Jersey, para, paso a paso,  como un lázaro perplejo,  ir imaginando nota a nota, acorde a acorde, hasta que esta desmedida obra diera a luz, en un invierno gélido de 1997. Y en la noche de Navidad, poder ofrendar su mejor obsequio, quizás como un te quiero, tal vez, como un gracias o mejor, como algo que está  lleno de todos los significados que encierran los regalos del amor agradecido.

El sentimiento es inequívoco en cada pieza: ternura plena. No lo abandona durante los casi sesenta minutos que suman sus piezas ya recogidas y editadas. Y al escucharlas, uno tiene la sensación, no la idea, de que se han sentado a jugar al piano Chopin con sus Nocturnos, y tal vez Schumann improvisando sonatas, contagiados ambos por el descaro infantil de un niño genio que la eternidad recuerda con el nombre Mozart.


En esa música, se escucha el invierno, la noche, la nostalgia, la luz mortecina de una tarde, el silencio de la nieve al caer; la flama indecisa de una vela… pero también la espera y la esperanza; el arrullo y el abrazo; la mirada que desea y que solloza; mientras el amor sublime de un poeta escucha,  observa fatigoso,  como todo ello se  sucede y se confunde en su suave paso por un tiempo breve y eterno como la vida misma, que es frágil e intrépida, débil y armoniosa, como gotas, como copos o diminutas estrellas lejanas. Fugaz, si, mortal, sin duda, pero resarcida de todas sus  limitaciones por la fuerza del amor mismo que ella engendra. 




lunes, 27 de octubre de 2014

Juan Rulfo: 1977





Entrevista a Juan Rulfo. Programa A fondo. Radio televisión Española RTVE.



sábado, 4 de octubre de 2014

Mario Vargas Llosa: Borges






El escritor peruano, comenta y reflexiona sobre el libro Atlas, que Borges escribiera en los últimos años de su vida, bajo el encanto- tan desconocido para él- de la compañia de un  amor correspondido.
El premio Nobel, completa, pienso, con este artículo, un vacio, sobre la vida sentimental en la biografíia del gran argentino.

Ir al enlace abajo.

Publicado en el Diario El País de España,


http://elpais.com/elpais/2014/10/02/opinion/1412263372_960591.html

jueves, 2 de octubre de 2014

lunes, 29 de septiembre de 2014

Antonio Muñoz Molina: Ficciones convenientes





Uno de los mejores articulistas en lengua española. Sus escritos en el diario El País de España, son siempre una oportunidad invaluable para la reflexión sobre diferentes aspectos sociales y de manera específica, de la creación artística- pictórica.

Es este un artículo antológico. Una produnda reflexión sobre las ficciones en la vida humana, social y política. He acá el enlace:


http://cultura.elpais.com/cultura/2014/09/23/babelia/1411482025_245988.html


sábado, 27 de septiembre de 2014

Jazz: el latido del corazón.






                                                                                                            “ La música, no es algo que pueda ser descrito con palabras.”
Keith Jarret

Jazz: el latido del corazón.

Jorge Castellón


Como la palabra que lo nombra, el jazz es una cosa extraña. No existe una definición precisa de la palabra jazz, y he de adelantar, que cualquier intento de definición resultará incompleto, y será más un esfuerzo intuitivo y subjetivo, que un acto prescriptivo del concepto. Y es que, en general, ¡no es facil hablar de música!, ya lo decia Eugenio Trias, y por ello arremetió con ahínco para completar dos obras filosoficas-musicales, magistrales sobre el tema de la música. Porque paradojicamente, en la dificultad del tema, hay un enigma inquietante al mismo tiempo, que nos invita a hablar aún con riesgos de error, sobre esta creación, esta esencia tan perfecta, que es la música toda.

Esta nota pretende tan sólo afrontar esa dificultad desde la perspectiva del aficionado, de la persona que se deja impresionar desde una  posición común,  frente al vislumbre del gran arte de la creación musical.

Para comenzar nos arriesgaremos a la clarificación formal de la palabra, y diremos que  tanto en el The Merriam-Webster Dictionary  y en The Ofxord English Dictionary, la primera definicion de la palabra Jazz, tiene un sentido coloquial.  En esta esfera puede tener multiples significados:  jazz puede referirse a  un hablar sin sentido, un coloquiar vano (meaningless; foolish talk); pero tambien, un hablar entusiasta, vivo y exagerado. Jazz a la vez, es un adjetivo que se aplica a lo que está lleno de  energia, de  emoción, de animación.  A sí mismo, como forma de expresion más popularl (slam),  puede significar simplemente “cosas” (stuffs, things) , o “cosas similares” ( that kind of jazz). Hay entonces, en primer lugar, un énfasis importante, en las definiciones inglesas, del sentido oral del término jazz, antes que del musical.

En su acepción musical, The Merriam-Webster Dictionary ,  define jazz de la siguiente manera:  “American music developed especially from ragtime and blues and characterized by propulsive syncopated rhythms, polyphonic ensemble playing, varying degrees of improvisation, and often deliberate distortions of pitch and timbre”.

Sentimos que poco nos dicen a los no iniciados en teoria musical, esas veintinueve palabras anotadas arriba de la definición inglesa sobre la palabra jazz. Más nos dice la manera en que el jazzista panameño Danilo Perez, se referia a esta música: “Jazz, es la cosa más cercana al corazón”; o aquélla otra definición de Casey Benjamin: “Jazz no es una sola cosa, es todo”; o lo que dice el jovencísimo Robert Glasper, de que el jazz es ”un estado mental, [ ] es libertad”. Pero también lo dicho por Gary Bartz, para quien jazz es simplemente… música. Todos estos intentos de definición, nos dejan siempre por delante, tan sólo una cosa en común: la necesidad de avocarse a la experiencia directa de escuchar; porque no habrá mejor definicion, ya que de arte se trata, que la revelacion sagrada que en el ser humano provoca, el encuentro directo con la obra de arte, ahí donde la palabra no puede llegar.

Es que muchas veces en la definición o descripción, pasa con la música y con el jazz, lo que un su dia comentó Borges en sus conferencias en Harvard en el otoño del año sesenta y siete, sobre los libros que hablan de poesía: que en ellos se escribía sobre la poesia, como si se tratase de cumplir un deber o una asignación (“a task”, dijo Borges en inglés en ese momento), y no, lo que realmente es: una pasión y un goce (“a passion and a joy”). Como todo arte, el jazz es antes que nada, pasión y goce.


Jazz, se anotaba, es un adjetivo, que le da a su objeto la cualidad de ser algo vivo, es decr, de estar lleno de “ánima”, en los sentidos más profundos de ese concepto. Y por esa cualidad, estamos ante algo que siempre se presenta joven, novedoso y enérgico.   Ajeno a un molde determinado, la música de jazz es eso que aparece por ahí, a veces difuso, pero tan entusiasta, que en su dinamismo, está su forma.

Jazz, nos remite luego, -yendo en el orden de las entradas léxicas del diccionario-  a un tipo de intercambio oral, a la fluidez expresiva de la conversacion; a la energía de esa expresión en la comunicación humana, y a su contenido ocasional: no siempre que se habla, se habla de algo serio, pero no por ello el conversar, al ganar futilidad, pierde brillo o alegria, o goce.

Se puede entonces decir, que, como en una conversacion informal entre un grupo de personas, el jazz, es como un ir y venir de palabras e ideas, ora coherentes, ora intensionalmente desordenadas, que se dan en un fluir contínuo; que se arremolinan al rededor de un tema inicial que aveces parece desaparecer, puesto que los hablantes, no siempre lo repiten, lo secundan o lo siguen; y pueden más bien  alejarse del mismo, contradecirle, o diferir. Jazz es el tiempo en el que alguien habla solo. Y el tiempo, en que el otro, toma su lugar en un monólogo suscesivo, y por ello, colectivo. Es que “la mejor manera de acompañar [en el jazz] es no acompañar”, dice el extraordinario compositor Dave Brubeck (1920-2012) al respecto. Es decir, dejar al otro, solo, en lo que tiene que decir, solo ( musicalmente).

Pero, a la vez,  jazz es el tiempo en que todos hablan, con hilaridad, con emoción, ¡nunca tristes! sin medida temporal. Y aun en un solo de piano, “nunca es un monólogo, el piano es un instrumento polimórfico; de modo que siempre hay una conversación, aunque sea entre las dos manos” nos recuerda ese polifacético jazista de origen hindú, Vijay Iyer.

La improvisacion, sin duda alguna, es la característica básica del jazz. No obstante, como bien apunta el reconocidísimo pianista y compositor Billy Taylor (1921-2010), no se trata aquí, “del arribo espontaneo de las musas”, sino, de si se está preparado para improvisar, utilizando para ello, un conocimiento sólido de los elementos de la música, a saber: el  ritmo, la  armonía y la melodia. En otras palabras, sólo dominando, educándose en el conocimiento de esos elementos, es posible improvisar musicalmente.

La improvisacion le da al jazz una característica única sobre el resto de las artes, a saber: la oportunidad de atestiguar, de percibir, de escuchar, eso que a Stefan Zweig le intrigaba tanto: el arcano de la creación.  Lo que el gran biógrafo rastreaba en los originales, en los manuscriptos de las grandes obras literarias, en el jazz es algo consustancial, propio. Lo que se va imaginando, y haciendose música,  es la música en sí, es la obra misma, no su antepasado, o su bosquejo. Brubeck amplía la idea al decir que el tiempo creativo que en otras artes no se puede observar, en el jazz se manifiesta ante nuestros oidos, permanentemente en el fluir musical mismo. Siguiendo a Stravisky, dice entonces: “la composición [al final] es una selectiva improvisación”.

Por otro lado, Bill Evans, jazista y pensador, señala una idea fundamental al respecto, a saber: con el jazz, la música recupera algo que habia perdido: la espontaneidad de la improvisación, que habia sido dejada a un lado, por la necesidad de registrar (escribir) la música -a falta de otros medios técnicos para hecerlo- en los siglos XVII y XVIII. 

Por una hermosa paradoja, a este rasgo original del jazz, la improvisacion, se le apareja, una cualidad indiscutible: la tradición. La improvisación y la tradición son dos alas, dos remos dinamizadores de esta música, sin los cuales es imposible que haya nacido, existido, y siga desarrollándose. Y es que, viniendo de los cantos de los esclavos africanos en los campos de Alabama y Mississipi; del Gospel de las iglesias dominicales en ese sur profundo, como de de la melódica orquestal europea,  hay un hilo invisible y vibrante en el tiempo que prosigue, solo por citar un ejemplo, de Louis Amstrong (1901-1971) a Charlie Parker (1920-1955), hasta llegar a  Miles Davis (1926-1991); y hay otro, no menos luminoso que va de éste a sus contemporáneos John Coltrane (1926-1967), Red Garland (1923-1984) o Bills Evans ( 1929-1980),  recogiendo del antecesor lo mejor posible, y creando, colectivamente, lo mayor alcanzable.

Como en aquel año fogoso de 1956, que vio tantas veces salir de sus propias cenizas a tres de estos últimos, colaborando juntos, para arribar, luego victoriosos, a aquel inolvidable 1959, -ya con Evans en el lugar de Garland en The Miles Davis Quintet-, cuando el jazz nos lega Kind of Blue. Año aquel también, cuando de esa otra conjunción maravillosa de Joe Morello, Eugene Wright, Paul Desmond y Dave Brubeck, emerge Time Out, lugar sonoro donde el jazz hunde sus raices de forma sorprendente, en la tradición musical turca, en la ritmica africana, y en la más clásica armonía europea.


Es este juego en el tiempo entre tradición y creación, lo que propicia que la conversacion musical del jazz siga, se continúe, llena ya de otros matices, antiguos y nuevos, sin que pierda el sentido de su origen principal: vincular las culturas, resarcir, de alguna forma, con su alegría, el dolor y la tristeza de la historia, y enseñarnos a escuchar una música que nos une a todos, que nos hace recordar que, -reflexiona Brubeck-, “lo que hace único al ser humano, viene del ritmo de su corazón. Es el mismo en cualquier parte del mundo, ese latido.  Es la primera cosa que  escuchamos al nacer, o antes de nacer, y la última cosa que escuchamos [al morir]”.



Publicado en Diario Co-Latino, San Salvador, El Salvador.  20 Septiembre 2014

http://nuevaweb.diariocolatino.com/jazz-el-latido-del-corazon/

sábado, 20 de septiembre de 2014

Entrevista a Jorge Luis Borges en 1976



Entrevista completa hecha a Jorge Luis Borges, en el programa A Fondo de RTVE.




jueves, 11 de septiembre de 2014

domingo, 7 de septiembre de 2014

Jaime Torres: siempre el sur





La música no tiene fronteras. Sólo aquellas que cada uno le impone a sus oidos, a sus ansias de disfrutar el mundo.




Con Ariel Ramirez. Piano y charango.




sábado, 6 de septiembre de 2014

Keith Jarret solo piano: Country






El encanto misterioso de unos acordes, que traen a mi mente aquellas palabras que alguien dijo una vez:" lo único parecido a Dios... es la música: son lo único perfecto."






martes, 2 de septiembre de 2014

Keith Jarret y Jan Garbarek: My song




No hay palabras para esta música... solo escucharla.




Arte: Duy Huynh

sábado, 30 de agosto de 2014

Borges por Piglia






Quien mejor que Piglia para hablar de Borges.




martes, 26 de agosto de 2014

Los 100 años de Julio Cortázar



A la memoria de Cortázar, que mejor que sus palabras,



domingo, 24 de agosto de 2014

El mundo del jazz por Leonard Bernstein



Una magistral explicación sobre la esencia del jazz.



jueves, 7 de agosto de 2014






El jazz vocal. Louis Amstrong

Todo instrumento es un intento de parecerse a la voz humana. Amstrong entralazó voz e inicia ese extraordinario rasgo que tiene el jazz, del solo caprichoso.



Ella Fitzgerald, esa eterna compañera de voz tenue...



miércoles, 6 de agosto de 2014





"Si hay algo mejor que hablar de música, es escuchar música".

Grabriel García Márquez. 



Dave Brubeck Quartet
Si alguien pensó, que hubo alguna vez que se juntaron cuatro músicos, de forma irrepetible, y que esos unicamente fueron The Beatles, se equivocó. También, en el jazz, hubo una vez, la conjunción de cuatro irrepetibles: Eugene Wright en el bajo, Joe Morello en la bateria, Paul Desmond en el saxo alto y Dave brubeck en el piano..


Rondo a la turca






Take Five




lunes, 28 de abril de 2014

Vaivenes de la edad.





Vaivenes de la edad.

Yo no soy aquel que era; no sigo siendo el que fui: el de antes no se parece al que soy. A veces, no me reconozco: frente al espejo, un rostro desconocido aparece, y otro se ha ido desvaneciendo con el tiempo. No sé desde cuándo.

Hábitos, costumbres malas y buenas que creí tener, se truecan en otras, que me es difícil ya clasificar entre esas dos maneras de vivir que el credo o alguna filosofía me ha enseñado, y vivo sin distinguir ya con pureza lo bueno y lo malo, lo beneficioso y lo nocivo, lo sano o lo dañino. Mejor, hay vicios que considero me hacen un bien. Hay cosas que llamé virtudes que ahora me estorban en el vivir. Parece que a cierta edad, las fronteras que tan nítidamente reconocemos, se nublan, se confunden, cambian su ubicación y su sentido.  Es como si la relatividad de los valores se nos fuese cada vez no solo más manifiesta sino, más confusa.

Cerca ya de los cincuenta años, me sorprendo con temores de mi niñez, que antes no tenia; me maravillan cosas a las que nunca di importancia alguna; me abrasan sentimientos que fueron reprochables. Así, amor y odio son distintos: más desesperados, más condescendientes con el crimen o el pecado y al mismo tiempo, más vulnerables, más amenazantes, dolorosos, divinos.

Otra cosa me sorprende: a veces creo que no hay nada nuevo que aprender, que todo está escrito y leído;   y de repente, me considero el más ignorante de los hombres. Y algo singular pasa en mis sensaciones, pues por momentos, no descubro nada nuevo en el goce de todos mis sentidos: todo está probado; para luego, en la desdicha, quedarme a la espera, a la entrada de la noche, que una mano amada de mujer se compadezca y con un dedo auque sea, de soslayo me acaricie.

La salud traiciona, las fuerzas se encaprichan, pero los arrebatos y los excesos se exacerban, y uno cae en una encrucijada de los huesos, en un capricho de músculos y vísceras, en un juego mortal de los sentidos donde comprendo mejor eso que un día escuchara: que no es uno el que deja un vicio, son los vicios los que nos abandonan. Claro, en otro cuerpo encontraran más jubileo que el que yo ahora puedo ofrecer.

Pero, no quiero ser injusto. De vez en cuando, abrevo en la poesía; respiro en las certezas que pasan como nubes; vivo de la fiel amistad de manos viejas y sobrevivo gracias a la dulce ternura de los te quieros que seres cercanos  me brindan: hijos y mujer; madre y dos amigos, parecen ser, en instantes luminosos, lo único real que tengo.

La hermosa rutina de la casa me sosiega; el quehacer cotidiano de ese mi pequeño  universo me devuelve al sentido de la vida, y hace del ridículo hombre  hartado de un oficio y de un mundo desquiciado, un ser humano. Es en esos momentos en que me entristece mi mortalidad, es decir, las cosas que no he podido dar, las cosas que no he podido terminar, las que no podré legar, las que jamás empecé, las que no alcanzaré a ver.

He ahí, el nudo de mi tiempo y de mi edad: el tiempo por vivir es cada vez más impreciso y más incierto; lo único cierto, es que ese tiempo, es más breve que el que ya he vivido. La muerte es cada vez, más real, y los anhelos, por lo tanto, menos alcanzables,  menos probables, más inconclusos: la enfermedad nos acecha.

Hay cosas que puedo asir con certeza: son ideas conquistadas, reacciones fijas, mañas del mirar, trucos de sobrevivencia y convivencia. Justificaciones, razones, temores sin caducidad, secretos mudos, y una manera de ser que no es gratuita.  Atrás han quedado las esféricas ideologías, y en su lugar prevalecen las poliédricas convicciones personales.

Se han quedado en un rincón, como basura, lo que con el tiempo fui probando despacio y no sin dolor, hasta desechar con orgulloso desden lo que no uso, quedándome con lo que necesito para vivir como quiero, es decir, con ese justificado temor de que en el universo exista cierto debe y haber en el balance de las acciones humanas; con esa ansia de que cada día un momento de paz me aseche en alguna hora; con esa obligación de poner alegría como una sal que conserve momentos de una vida que no deben descomponerse en el olvido;  con la justicia del que es al mismo tiempo juez y parte de los hechos; con la  simpleza que se reduce a  ansiar lo elemental la vida, en su mejor versión de dignidad;   sin miedo a la vez, al error que duele, y a la burla necesaria  de mi mismo.

 Me quedo en mi vivir, con esa acción necesaria que no acaba, de sopesar las diferencias entre amistad e  hipocresía; amor y mentira; responsabilidad y falso heroísmo;  prueba e intento; idea y convicción, patria y fanatismo, casa y hogar; familia y persona; pasado y presente; futuro y esperanza; ruido y música; Dios y justicia; venganza y consecuencia; riqueza y salud; palabra y silencio…vida y muerte.