viernes, 27 de julio de 2012

Amor, erotismo, literatura




¡Beso que ha mordido mi carne y mi boca
con su mordedura que hasta el alma toca!
¡Beso que me sorbe lentamente vida
como una incurable y ardorosa herida!
Juana de Ibarbourou.

Amor, erotismo: literatura.


La vida es  también  vivencia del deseo erótico y el anhelo amoroso. Anegados por esa “llama doble”  -como Octavio Paz ha titulado uno de sus ensayos fabulosos-, el amor y el erotismo nos construyen, hasta llegar a definirnos, tanto como lo hace nuestra voz, nuestro andar, nuestro carácter,  y por qué no, nuestra particular idea sobre la esencia de la vida.  

La vivencia erótica nos abrasa, y su fuego -que en ocasiones confundimos con la fuerza de la juventud-, nos regala el momentáneo habitar de una dimensión resplandeciente, desde donde se puede ver de otra manera el universo; desde donde se puede apreciar y sentir, un estado diferente del vivir  que está muy lejos de la angustia que la mortalidad nos provoca; del terror al dolor; del miedo a la inconsolable soledad. Esa vivencia es el lugar donde dicha y placer –esos dos corceles furtivos y raudos- abrevan apacibles en medio de un lugar sin tiempo.

Escribe Octavio Paz en su ensayo, que  “el erotismo es ante todo y sobre todo sed de otredad.” Y no podía ser de otra manera, pues ya fuera del vientre materno, nos enfrentamos a nuestra realidad más perentoria: la soledad radical.  Y “desde ese fondo de soledad radical- parece confirmar  José Ortega y Gasset-  que es, sin remedio nuestra vida, emergemos constantemente en un ansia, no menos radical, de compañía.  [  ] El autentico amor – destaca el filósofo- no es sino el intento de canjear dos soledades”.

La vivencia amorosa por su parte, nos abraza; su tibieza  y su comodísima sustancia – que se experimenta como retorno a aquel universo matriz originario-  las  reconocemos  en esa, a veces, perenne compañía de otro ser, que de suyo nos complace con su voz, su tacto y su cercanía, adentro de ese extraño trascurrir de nuestras vidas; en esa silenciosa confabulación de dos soledades que se aprestan y pretenden, desde el acaecimiento de un momento milagroso –quizá sortilegio-  que de improviso las reúne a vivir en el mundo, con la intención de ya no abandonarse la una a la otra. Su acuerdo, como ya alguien dijo, abarca dos supuestos: el supuesto de que el amor ha nacido entre ellas, y el de que ese amor…es para siempre.   

Amor y erotismo vinculan a los seres, y en ese vínculo, y en ese lazo, aquella llama se enardece, se trasmuta; va y viene; gira, se agita; va del rojo intenso al quieto azul; del alegre naranja, al placido amarillo; se hace uno: llama doble que acoge cuerpo y espíritu,   presencia  y espera, locura y sosiego; dulce agonía, apetecible dolor.

En su ensayo, Paz parte de los Diálogos platónicos, de los antiguos mitos, del Génesis bíblico, para regalarnos un panorama amplio de las formas en que, esa llama, ha sido vivida y concebida, ahí,  donde mujeres y hombres han cruzado miradas, para querer convertir el mundo en paraíso.
Es que desde la leyenda, la historia y la literatura, se ha  mostrado el esplendor de esas vivencias indecibles que el amor y el erotismo nos deparan. Atravesando poesía, cuento, ensayo y novela (la que para Carlos Fuentes, es el  espacio de todos los géneros), esta llama doble ha llenado mil y una páginas de cantos y lamentos. Abarcarlos es imposible.

Quizá es en la poesía, donde más cómoda esa llama se halla… Será por ello que poesía y erotismo se parecen -afirma quien escribiera El arco y la lira-, y acierta al recordarnos que así como la poesía pone un paréntesis a la comunicación, el erotismo pone un paréntesis a la sexualidad.  

Tal vez desde ahí, desde ese paréntesis infinito de imaginación amorosa-poética,  Neruda escribió ese poema que el nombra “El insecto”:

Voy por estas colinas,
Son de color de avena,
Tienen delgadas huellas
que solo yo conozco [  ]

Aquí hay una montaña.
No saldré nunca de ella.
Oh, que musgo gigante!
Y un cráter, una rosa
De fuego humedecido.

Y en ese universo de la palabra, la imaginación y la memoria, que es la literatura,  hay otras obras que han eternizado la vivencia humana del deseo y la pasión amorosa.  Tómense dos novelas - ¡por supuesto que hay más!, pero cada quien tiene sus preferencias-, estas, obras muy distintas entre sí,  pero que coinciden al abordar amor y erotismo con tal  altura narrativa y psicológica, que devienen  ya inolvidables por su verdad y su belleza.

Escritas por mujeres, en ambas novelas la perspectiva  del hecho amoroso adquiere algo que tal vez, el escritor y el lector masculino desconoce, y que las convierte en el eco de una sensibilidad  que en su particularidad nos arrebata.

Tanto la breve y hermosa obra autobiográfica de Marguarite Duras, El amante (1984), como la inigualable  novela histórica de Marguarite Yourcenar-, Memorias de Adriano (1955), nos ofrecen, -la una, desde la exquisita sensibilidad de una mujer madura que recuerda su amor primero ; y la otra, desde la reflexión casi filosófica,  que sobre el sentimiento del amor hace Yourcenar a través de la voz del emperador romano Adriano, enardecido por su intensa relación con su joven amante Antinoo-, nos regalan ambas,  la confirmación de cómo la felicidad humana o la desgracia, son inseparables de nuestra vida amorosa y erótica; de cómo definen el tiempo de la vida personal y su memoria.

En una entrevista realizada  en ese mismo año de la publicación de su más famosa novela, Duras aseveró  con tristeza: “Nunca volví a amar así”,  al ser preguntada por la vivencia de esa memoria que inspiró su libro. El amante, es entonces el recuerdo trasmutado en literatura, el pasado vivo del sentir de una experiencia amorosa – la más intensa - de aquella escritora que conoció en sus años infantiles el abandono y la soledad; y en su madurez, los estragos del alcoholismo y la grandeza del valor de la escritura, en su encuentro con la memoria personal. A veces, una memoria silenciosa  que conforma nuestro ser.  “La escritura - afirma Duras- es lo desconocido.” Y ya antes ha dicho: “Lo desconocido que uno lleva en sí mismo: escribir, eso es lo que se consigue. Eso o nada.”

El libro nos muestra esas “vivencias inaugurales” que acompañan al descubrimiento del erotismo, como el canto de sirenas de un cuerpo y una personalidad que se descubre en sus nuevas posibilidades de sensibilidad, de gozo y de vida. Nos muestra ese momento, donde para conocer, se derrocha; para probar, se quiere atesorar todo; donde olvidados del otro o de la otra, al recibir, terminamos por dar, por entregar, lo poseído.

Es que el juego del erotismo envuelve todo el cuerpo: nada de nuestra corporeidad deja de participar en esa apoteosis del sentir humano. Al cruzar sus puertas por vez primera e incursionar en su reino, parecemos postrarnos y decir: “Esto es lo que poseo: manos, pies, boca, orejas, cuello, pecho… palabras, recuerdos, sollozos. Tiende tus dulces cadenas sobre ellos”. Y a cada visita posterior a ese aposento, somos parte y todo en una vivencia única: cuerpo y alma; mucitación y palabra; tacto y vértigo.

La experiencia erótica y amorosa construye una memoria personal, define una manera de ser de la persona en el mundo. Nos enseña una senda –que nunca termina- por donde el sentir y el soñar más profundo han de transitar en un permanente descubrimiento de cosas nuevas que tocamos y se escapan: dicha y placer fugitivos; repetición de lo novedoso, novedad de lo repetido. 

En Memorias de Adriano, hecha con una de las prosas más exquisitas de la literatura universal, Yourcenar nos devela un misterio, cuando escribe (la traducción es de Julio Cortázar):

“De todos nuestros juegos, [el amor] es el único que amenaza trastornar el alma, y el único donde el jugador se abandona por fuerza al delirio del cuerpo. No es indispensable que el bebedor abdique de su razón, pero el amante que conserva la suya no obedece del todo a su dios. [  ] No sé de nada donde el hombre  se resuelva por razones más simples y más ineluctables, donde el objeto elegido sea pesado con  más exactitud en su peso bruto de delicias, donde el buscador de verdades tanga más probabilidades de juzgar la criatura desnuda.”  (p.16)
Y más adelante apunta:

“Clavado en el cuerpo querido como un sacrificado a su cruz, he aprendido algunos secretos de la vida que se embotan ya en mis recuerdos, sometidos a la misma ley que quiere que el convaleciente, una vez curado, cese de reconocerse en las misteriosas verdades de su mal, que el prisionero liberado olvide la tortura, o el vencedor ya sobrio, la gloria” (p.17)

El fuego de esa llama, parece decirnos la escritora, es tal, que nos permite, por un lado, conocer la hermosa irracionalidad de esta vivencia que se alberga en el centro mismo de la vida humana, y por otro, nos permite  trasgredir un límite, mejor, penetrar en lo desconocido, traspasar si se quiere -dejando nuestra razón atrás-, hacia esa dimensión  a la que solo por esa vía incursionamos, para olvidarla luego, no se sabe, si hasta después de la muerte.

La figura es preciosa: lo que el amor tiene de irracional, es lo que le permite llegar a conocer. Y lo que ese amor nos hace conocer, está del otro lado de las cosas que la razón conoce. De alguna forma es aquello que Eugenio Trías nombra en su filosofía como “el límite”: lo desconocido. Pero que acá deviene conocido, se trasgrede, creando otro límite: la incapacidad de su explicación racional.

Algo similar sucede en el lenguaje. Quizá, esa trasmutación entre razón y pasión (amorosa), es  lo que hace que la persona que crea poesía encuentre a veces un límite en su lenguaje materno, para expresar las realidades que ese sentimiento amoroso conlleva al seno de la propia vida, y busquen y comprendan que todos los lenguajes son un solo lenguaje,  y así revivan y hermanen palabras, a saber: hay un momento que la pasión amorosa cambia, no desaparece, sino adquiere otra cualidad. Octavio Paz lo ejemplifica citando las palabras de Unamuno, cuando el filósofo dice: “No siento nada cuando rozo las piernas de mi mujer pero me duelen  las mías si a ella le duelen las suyas”. A este “amor trasfigurado por la vejez o la enfermedad del ser amado”, el poeta y ensayista propone nombrarle con una palabra ya en desuso, que en su día usó Petrarca: comphatía. Este, nos dice,  “es el fruto ultimo del amor”.


Pero ¿cómo nombrar el vacio que sucede a la muerte del ser amado? Para este sentimiento, Claribel Alegría acoge esa suave y profunda palabra portuguesa: saudade, para arropar las anhelantes palabras con las que escribe… 

Quisiera creer
que te veré otra vez
que nuestro amor
florecerá de nuevo
quizá seas un átomo de luz
quizá apenas existan tus cenizas
quizá vuelvas
y yo seré cenizas
un átomo de luz
o estaré lejana.
No volverá a repetirse
nuestro amor.


Así el amor hermana y trasmuta pensamiento y palabra, pero también, vida y muerte. Amor y mortalidad parecen contraponerse, pero tal vez, no sería uno sin la otra. La brevedad de la vida, enardece el tiempo del amor para volverlo eterno. Nuestro obstáculo es el tiempo, dicen los amantes, pero el amor se opone al trascurrir, mudando su forma, no muriendo. Como El Aleph borgeano, “el tiempo del amor no es grande ni chico: es la percepción instantánea de todos los tiempos en uno solo, de todas las vidas en un instante.”



lunes, 23 de julio de 2012

Acuarela de Toquinho

Acuarela de Toquinho


A veces queremos ser buenos. Simplemente limpios del mundo, tal y como antes lo fuimos de niños.

Solo la música y la poesía juntas, nos lo conceden...







Sebreli: La era del fútbol


Sebreli: La era del fútbol.





(Publicado en revista Contrapunto)


Con el filosofo argentino Juan José Sebreli se comprueba que el verdadero intelectual  encuentra, bajo lo que parece cotidiano y banal, la oportunidad de reflexionar sobre cosas trascendentales de la vida social y la vida personal.

Leo con interés La era del fútbol, obra que Sebreli publica en 1998, (cuya cuarta edición data del año 2005 por la Editorial sudamericana).y que se  ocupa de discutir, sugerir y proponer formas de ver este fenómeno deportivo-social, que desde inicios del siglo XX, ha generado  toda una gama de fenómenos culturales, psicosociales y económicos en la vida de la sociedad mundial y  de forma  particular en las sociedades y comunidades latinoamericanas.

La agudeza de Sebreli en estudiar el futbol desde las categorías e instrumentos de la historia, la sociología, la antropología cultural, la psicología, la economía y la comunicación, entre otras perspectivas, hace del libro un sorprendente ensayo que devela cuan complejo es en verdad un hecho que a primera vista pudiera parecer un deporte que gusta y que emociona.

El ensayo, cuenta cerca de 500 referencias bibliográficas que van desde crónicas a obras filosóficas, lo que da una idea de la seriedad con que el futbol es estudiado por este escritor ya octogenario, referencia clave de la  intelectualidad argentina en el presente.

Aquí se abordan los orígenes del fútbol en Suramérica; cómo las diferentes clases sociales participan de esta actividad deportiva; el fenómeno de las masas, el “hincha”, la violencia, el mito Maradoniano. Se estudia la vinculación que el fútbol tiene con el dinero, la magia, el erotismo y la civilización toda, pasando por analizar un hecho poco conocido en nuestro medio centroamericano: La Dictadura y el futbol: el Mundial del 78.

Uno se ve tentado en su lectura a ir cambiando nombres y contextualizando el estudio a nuestra realidad centroamericana, con el resultado de encontrarse con muchísimas  y muy valiosas respuestas a fenómenos que se observan por ejemplo, en el fanatismo que sobre las selecciones nacionales de futbol, manifestamos las salvadoreños dentro y fuera del país.

Llaman la atención aseveraciones como: “El hincha es un individuo atormentado por su falta de identidad, por el débil sentimiento de continuidad y mismisidad de su yo [    ]  Incapaz de reconocerse a sí mismo, de saber quién es ni qué quiere”  (pág. 40 ). Al leerlo me inclino a pensar sobre eso que los salvadoreños aun no encontramos y que buscamos afanosamente: la  identidad nacional. Búsqueda que nos obliga a agenciarse una insignia, un color, “como una compensación para aquel  a quien nada pertenece efectivamente.”

Al final, el hincha y el jugador vienen a ser, -según los describe quien también publicara  El vacilar de las cosas- algo muy parecido a los que se hace referencia en Poema de amor.

viernes, 20 de julio de 2012

Televisión Educativa en El Salvador


Televisión educativa: riqueza cultural

(Publicado originalmente en Revista Contrapunto el 14 de septiembre del 2011)

 
El desarrollo de una televisión pública con una definida orientación educativa, debe ser parte de una política general de educación nacional. Orientada en lo que cada comunidad aspira formar en sus integrantes, dentro de las más amplias aspiraciones  de desarrollo humano, esta política parte siempre de un ideal pedagógico, es decir, de ese ideario sobre el que descansa el cómo debe ser la mujer y el hombre que cada pueblo quiere formar.

A su vez, ese ideal pedagógico, tiene su base y se orienta en universales necesidades individuales, es decir, estilos de aprendizaje y diferencias personales ( Howard Gadner); la necesidad de pertenencia, de autorrealización, de desarrollo de capacidades, y del sentimiento de utilidad social; de igual forma, se asienta ese ideal en lo que cada grupo humano, pueblo o nación,  necesita de las personas que lo conforman, a saber: plena alfabetización, hábitos de estudio y trabajo; capacidad de resolver conflictos, análisis crítico, capacidad tecnológica y de trabajo en equipo, entre otros; pero de manera particular, en ese conjunto de principios éticos, valores y normas que ese grupo concibe como los más fundamentales para una convivencia social sana, democrática y liberadora. (Paulo Friere)

Por último, aquel ideal, debe responder a las necesidades del actual y futuro estado del mundo, es decir, que cada individuo, hombre y mujer,  sea capaz de tolerar la diversidad cultural e ideológica;  de pasar de esa tendencia de disfrutar y amar a la naturaleza ( Edward O. Wilson) a la capacidad de reconocer, identificar y utilizar las conductas y herramientas necesarias para el cuido y la  conservación de la biodiversidad en el planeta;  que posea una visión trans-generacional, que le permita a nivel del comportamiento social y la responsabilidad ecológica, una perspectiva a favor del bienestar de al menos dos generaciones por venir; que sepa reconocer la necesidad, y actuar a favor de una civilización  que sea capaz de tratar e incluir a todo ser humano –de cualquier origen- al seno de un cada vez mayor bienestar social (Tzvetan Todorov).

Este marco incompleto y siempre tentativo de consideraciones de los objetivos de una política educativa, en suma, son los mismos que pueden aplicarse, tal vez, para dilucidar la enorme importancia que para un país tiene la existencia de una televisión pública de calidad y en permanente mejoramiento.

Pese a los enormes esfuerzos hasta ahora realizados en nuestra televisión pública- educativa, todavía estamos frente a la necesidad de un mayor empuje, de un mayor interés y apoyo de recursos e iniciativas, que permitan lo que los salvadoreños y las salvadoreñas estamos mereciendo desde hace muchos años: una televisión educativa  a la altura de lo que ya nuestra historia y experiencia social y cultural demanda.

La importancia de una televisión pública- educativa está a la misma altura que tiene un centro de estudios superiores, un sistema nacional de librerías o un sistema de museos especializados; y más aun, posee la ventaja de en un momento dado, superar la cobertura  geográfica, económica y cultural de todos ellos.

La calidad de una programación, su diversidad, promoción  y permanencia, garantiza a largo plazo, la creación que un cada vez mayor numero de grupos sociales estén expuestos e interactúen con un contenido mediático socialmente sano y humanizante; que se desarrolle una opinión pública mejor informada y educada en diferentes aspectos de la vida social; que se enriquezcan los marcos de referencia actitudinales y cognoscitivos del ciudadano que día a día actúa y se comunica en los diferentes roles de su comunidad: padres y madres de familia, líderes y liderezas comunales, administradores/as públicos, maestras/os, artistas, estudiantes, deportistas, etc.

Pero de forma específica, la televisión pública-educativa, debiera hacer énfasis en los sectores más vulnerables de la sociedad salvadoreña: la niñez y la juventud. Generar el interés por las artes, el deporte y la educación; despertar la admiración por personalidades destacadas en el mundo de las ciencias y las artes;  permitirles redescubrir los valores que han guiado a diferentes personas a nivel nacional y universal, en su lucha por una sociedad más justa, más participativa y  humana; conocer la historia universal En otras palabras, reavivar las humanidades (Martha Nussbaum) y revitalizar el valor de la educación (Victoria Camps).

Por último, y a través de los diferentes recursos electrónicos y tecnológicos, contribuir  a la democratización del conocimiento, por medio de la creación de permanentes archivos, que recojan la opinión, la imagen, los hechos, los descubrimientos, y los actos que como grupo humano más nos interesan.

A manera de ejemplo, nos hemos de referir a tres sistemas de televisión pública cuyas iniciativas pudiesen ser consideradas en la perspectiva de la planificación, la gestión y la promoción cultural:  La radio y televisión española (RTVE); Public Broadcasting Service (PBS)Canal 22 de México.

Si bien es claro que no se puede comparar la posibilidad de recursos financieros y tecnológicos de estos sistemas con el nuestro, se quiere hacer énfasis en el contenido de la programación, en la calidad de algunos de sus programas,  en las iniciativas de gestión y en los impactos de mediano y largo plazo en la comunidad nacional y mundial que ellos generan. Por ejemplo, los archivos de la Televisión Española, dan la posibilidad no solo de rescatar la memoria histórica reciente europea, sino, mundial. Programas como En Portada, han abordado temáticas más que importantes de cualquier parte del globo, inclusive El Salvador, Nicaragua  y Guatemala, que posibilitan nuevas perspectivas de análisis y de estudio.

En el campo de las artes, RTVE es el único medio, que guarda, para acceso mundial, entrevistas con los más importantes escritores y artistas de habla española del siglo 20. El programa que en su momento fuera denominado A fondo, debiera de ser considerado de hecho, un patrimonio de la humanidad. Así mismo, uno de los programas de televisión más exitoso del año recién pasado, “Un país para comérselo”, es un exquisito collage de música, tradiciones y acercamiento cultural del paisaje social español, que estimula la emulación y las nuevas ideas en la difusión cultural.

Por su parte, la televisión pública norteamericana, PBS, ha sabido combinar el patrocinio privado y los fondos públicos con gran eficiencia, y demuestra que la gestión con fundaciones y empresa privada puede ser  exitosa, cuando las instituciones involucradas tienen un claro y enérgico compromiso con la cultura y la educación. El que es quizás uno de los mejores programas sobre ciencias naturales en el mundo: Nature, posee en medio de diferentes fundaciones privadas y científicas, que lo financian, dos empresas muy conocidas, una de automóviles y otra productora de prestigiosas cámaras fotográficas,  que unen recursos para la existencia de este que es hoy por hoy, de los mejores recursos de información científica que pueden encontrase. Similar situación encontramos en NOVA, financiada por una gama de fundaciones que captan recursos estatales para investigación científica y al que se aúnan firmas privadas.

Finalmente, FRONTLINE, es un programa de documentales de elevada calidad periodística e informativa, apoyada por fundaciones de carácter privado. A la vez, cada programa, pone a la disposición del público  la venta en formatos DVD de cada nueva edición que produce, y existen, en general, permanentes campañas de gestión de fondos  entre la audiencia nacional, con aportes que pueden ir desde 50 dólares anuales, a cambio de materiales audiovisuales educativos o artísticos de limitado acceso.

El Canal 22 de México, dirigido hasta hace poco por el reconocido escritor Jorge Volpi, es un ejemplo cercano de iniciativas culturales.  Programas como La dichosa palabra, nos da tan solo él, una idea de lo creativo que puede ser un grupo de personas interesadas por la difusión de la cultura. El canal incluye programas elaborados incluso por RTVE (Cuéntame como pasó) y destaca la programación de música clásica y cine.

Existe en El Salvador capacidad humana suficiente, experiencia académica, científica, periodística y tecnológica; relaciones de cooperación, una definida institucionalidad, y lo más importante, un público que desde hace mucho tiempo, sabe apreciar la cultura en todas sus manifestaciones. Sí es posible, entonces, que nuestra televisión educativa, sea capaz de desarrollar, por ejemplo, documentales de gran profundidad sobre las principales necesidades, problemas y perspectivas de la realidad nacional y centroamericana: migración, violencia, participación ciudadana, juventud, derechos humanos, etc., que  eduquen la opinión de cada ciudadano y ciudadana.

Lo mismo sucede – y aquí ya hay avances muy importantes en el último año-, con el estudio de la vida y obra de nuestros escritores, escritoras y artistas, del pasado y el presente de la historia cultural del país. Es triste que no exista a disposición del público, ni un solo documental, de al menos 30 minutos de duración, realizado con bases historiográficas, testimoniales,  con comentarios de expertos/as, etc.,  sobre la vida y obra de por ejemplo, Francisca Gavidia, Alberto Masferrer, Claudia Lars, Salarrué, Arturo Ambrogi; Roque Dalton, Claribel Alegria, Manlio Argueta,  entre otros. Y es aun más triste, que nuestra televisión educativa no posea tan siquiera, su propia página electrónica, que permitiese su acceso en todo momento para cualquier persona o institución  que estuviese interesada en la investigación y la difusión cultural.

La difusión de todas las artes, cine, teatro, música, danza, pintura, escultura, cocina, aun es un espacio por desarrollar. Ha habido avances en la educación e información en cine y artes plásticas que hay que destacar y apoyar, pero las otras artes también son merecedoras de un status similar.

Por otro lado, la diversidad cultural, lingüística, culinaria y social de nuestros pueblo, merece un acercamiento menos ligero. Aun desconocemos nuestro propio patrimonio cultural, en un espacio geográfico tan pequeño, donde de un punto a otro del país, tan solo se necesiten 5 horas de recorrido.  Aquí, la participación de las personas en el relato de su historia; la dignificación de sus labores y oficios; de sus tradiciones y costumbres; de sus giros lingüísticos y de su vida política y económica, deja un campo abierto de investigación, difusión y promoción, que si bien se ha impulsado con entusiasmo, puede llevarse a mayores niveles de investigación y promoción.

La combinación de programas de producción local e internacional; el esfuerzo de registro y archivo de información científica y cultural; la ampliación de gestiones bilateriales y multilatruales; el descubrimiento de fuentes de riqueza cultural aun no exploradas;  una mayor participación del ciudadano, de las empresas privadas serias, -que se preocupen por la calidad de vida de la comunidad que las sostiene- y de agiles presupuestos estatales, puede contribuir a que tengamos al fin, lo que todos y todas merecemos.

Cuando el gran periodista Bill Moyer, dio por terminado su programa de entrevistas de los viernes por la noche en PBS, la antepasada primavera, un televidente escribió al siguiente día en el blog del programa: “Norteamérica ha perdido la única hora de cordura que teníamos cada semana”. Es esto, lo que la gran televisión es capaz de suscitar.








jueves, 12 de julio de 2012

Una metáfora de la naturaleza: las mariposas monarca.



Una metáfora de la naturaleza.





 Publicado en revista Contrapunto el 8 de abril de 2012


Hay hermosas metáforas que suceden en la naturaleza. Hay manifestaciones de la vida, que simbolizan tal vez, los ideales humanos por  hacer de nuestra civilización, una oportunidad más accesible para el bienestar de cada persona.

Me parece que una de esas expresiones maravillosas del mundo que nos rodea, y que nos sugiere la lucha por la vida como paradigma del universo, es esa que se  encuentra en la  aventura sorprendente de las mariposas, y particularmente, de las  mariposas monarcas. Esa emigración sorprendente de 3.200 kilómetros que estos frágiles seres  realizan desde el norte de los Estados Unidos o el sur de Canadá, hasta los bosques del centro de México, -mientras  alcanzan una altura de hasta 2.000 metros-, es un esfuerzo genuino por el cuido de la vida no ya de un individuo, sino, de una especie entera.

Hay algo que ese vuelo representa para la humanidad. Hay un designio sagrado con relación  a la historia humana, que esa necesaria aventura encierra para ser develado por nosotros. Hay cierta  maravilla en esta gesta, que al observarla nos hace preguntarnos de su grandeza, de su cometido, de su increíble circunstancia.

¿Cómo estos seres tan vulnerables son capaces de atravesar enormes distancias, inusitadas alturas? ¿Cómo unos seres sin poderosas fuerzas pueden enfrentar las corrientes de aire y sobrevivir en su vuelo? ¿Cómo  no se extravían en su viaje pese a lo intrincado de su ruta?

Es que una de las grandes fortalezas de esta bella criatura, es que realiza ese esfuerzo titánico, no como intento suicida de un individuo solo, sino como un necesario emprendimiento de toda una especie. El viaje que inician es un viaje en conjunto; el salto que ejecutan hacia ese vacío esperanzador,  es un salto en unión con otros de su especie: es una proeza colectiva, épica, no ausente de individuales epopeyas y tragedias.

Pero aún más. Su gran fortaleza reside en que su esfuerzo incluye dos o tres generaciones por delante: es un cometido tras-generacional. Quien lo inicia, de alguna manera quizás sabe,  que no verá el destino trazado, pero anticipa que su descendencia gozará de aquel paraíso, hoy utopia, mañana… hogar.

Veo una similitud entre estas criaturas y mi pueblo.  Veo un constante emigrar de pueblos esperanzados. Les veo salir por bandadas hacia la distancia y morir algunos en el camino; veo a otros llegar, arrinconarse del frío, resistir y sobrevivir. Veo una generación tras otra, volar hacia algún punto de la tierra: ese que les permita sostener la vida de una familia entera y así, el de toda una dolida generación de seres humanos a los que yo pertenezco.

A esa multitud, la violencia y la pobreza les han tirado lejos, pero han aprendido a vivir en esa lejanía. Como las mariposas monarcas mismas, que a veces, arrastradas por el viento, atraviesan un mar entero, parte de esa multitud -que sobrevive-, cuelga  sus capullos en algún jardín que les ha prestado sus verdes hojas. 

lunes, 9 de julio de 2012

Las maravillas del mundo




 
Las maravillas del mundo.

(Publicado el Revista Contrapunto. 29 de marzo 2012)

Creo que las maravillas del mundo no son tan solo siete o diez lugares que indudablemente han sido construidas con magno esfuerzo y  abundante belleza. Estoy  convencido que lo maravilloso debiere remitirse, o estar abierto a incluir todo aquello que en el universo que nos rodea, al contemplarlo, nos seduce; pero, lo hace de tal forma, que estamos dispuestos a llevarlo con nosotros en la memoria, en el corazón y en los sueños, hasta que nuestra propia maravilla – la vida- termine con la llegada de la muerte.

Tal vez después empiece otra, pero mientras tanto, lo maravilloso de la naturaleza debiera conformarnos para alegrar nuestro breve existir.

La naturaleza es algo más que un simple conjunto de plantas, rocas,  animales u objetos en el cielo. Al observar esas mismas cosas con ojos infantiles, descubrimos sortilegios que pueden decirnos  tal vez, los secretos que la vida humana necesita saber para hacerse mejor y quizás, feliz: el amor entre las criaturas, la manera en que se cuidan y se recuerdan, la búsqueda de su origen; es decir, eso que descubrimos en los ojos del gorila que observa a su cría; eso que devela la visita que los elefantes hacen al lugar donde yacen los huesos de algún  miembro que fue parte de su manada; ese sentido oculto que envuelve el largo retorno de la tortuga marina al lugar mismo en que ella ha nacido, para luego, depositar allí sus huevos, no importando si ese lugar está al otro lado de un inmenso océano...

Estos seres, dentro del hermoso mutismo de sus vidas, nos presentan uno a uno, ese exuberante manantial de significados infinitos; ese insondable misterio de sus formas de ser que no acaban; esa manera tan simple y tan profunda de cada proceder, que emerge de toda la historia natural en la que, en compañía, cada criatura se ha formado, para ser lo que es, y poder así nosotros, nombrar la vida con sus variados nombres.

En Nueva Guinea existe una ave, su nombre es extraño, y remite al lugar donde habita: la península de Vogelkop. Este pequeño ser pertenece a esa clase de avecillas que se podrían nombar como “pájaros constructores de enramadas” (bowerbirds). Este Vogelkop (Amblyomis inomata) realiza una increíble hazaña: la construcción de un nido -más bien una pequeña choza o enramada- sobre la superficie del suelo.  Pero esta construcción conlleva no solo el diseño y la hechura de una curiosa fachada en forma de anfiteatro, sino, lo que es sorprendente, su increíble decorado.

Así, la  delicada ave, en su intento de halagar a alguna futura pareja, va colocando con primor a la entrada de su choza, las mejores flores que es capaz de  encontrar, posándolas en el suelo sin apuro ni desorden, más bien, con un sentir genuino de lo estético, logrando al final una florida alfombra que invita al amor y al sosiego.  

Pero más aun, con una  sensibilidad inusitada de  silencioso escultor, ordena pequeños guijarros que darán forma a suaves estructuras, que quizás, vista con ojos humanos,