viernes, 29 de julio de 2011

La esperanza de un país


La esperanza de un país.

No entiendo el trabajo de un maestro, ajeno a la utopía, al sueño, al deseo de un mundo mejor, vivible, justo. Por esa razón, toda persona con esa vocación es al final de cuentas, como educadora o educador, un/a humanista. Y es que –como dice el gran Stefan Zweig en su libro sobre Erasmo de Rotterdam-: “Humanista puede llegar a serlo todo aquel [y aquella] que sienta aspiraciones hacia la educación y la cultura; todo ser humano [ ], tiene acceso a esta libre comunidad… “.

Pero las personas partícipes de ese egregio grupo tiene frente a sí, no solo el orgullo de su pertenencia, sino – en el caso de El Salvador- la inmensa responsabilidad de su trabajo cotidiano: el trato esperanzador con la niñez y la juventud en un país casi desesperanzado. Este es un reto que excede las posibilidades individuales y exige las complementariedades más diversas de la familia, la comunidad, el municipio, el Estado. Pero exige sobre todo…creer en la educación, es decir, en las posibilidades de desarrollo espiritual de las personas.

Y aunque la educación por sí misma no cambia el mundo, sabemos que lo mejora inmensamente, puesto que, por otro lado, hemos ido dolorosamente aceptando con el tiempo, aquellas incómodas palabras de Octavio Paz cuando dice: “yo no creo que la política pueda ofrecer [por sí misma] una solución a los problemas fundamentales de la condición humana”.

Y junto a aquel esfuerzo individual y utópico, y a la falta de colaboraciones que la escuela tiene en un país donde la palabra familia, es ya un extraño término pegado en las paredes de las Unidades de Salud y los ministerios, hay algo que nos queda todavía…

Hace menos de un mes, Alma Guillermoprieto - la prestigiosa escritora y periodista mexicana-, cuenta en un más que excelente artículo, que saliendo de la ciudad de Cinquera, se detuvo a conversar con un grupo de estudiantes que en ese momento salían de clase.

“Todos muy formales y con sus uniformes limpísimos -dice la que junto a Raymond Bonner visitara el Mozote a dos semanas de aquella matanza-. Todos eran fuertes y sanos, a diferencia de sus padres—aquellos campesinos con los cuerpos tallados por la pobreza. Fue una sorpresa, pero luego vino otra: todos tenían claro que al terminar el bachillerato irían a la universidad. No sé a qué atribuirle ese cambio radical, esa capacidad de ser ambiciosos y dar por sentado que tenían derecho a serlo”

Y en su reflexión sobre de dónde venía esa esperanza en medio de un pueblo “marginado y pobre”, cierra su artículo comparando el incansable trinar de los pájaros que en su breve estadía escuchara cada tarde, con el parloteo de aquellos muchachos y muchachas que van “bordando un quehacer infinito y alegre a lo largo de los días”, confirmándonos, que la vida es siempre más fuerte que nuestra capacidad de matar.

Y es esa fuerza de vida, invencible, la que el educador y la educadora salvadoreña aun tiene en sus manos…el deseo de una vida mejor, pese al pasado, a la soledad de los padres idos, a la violencia cotidiana, al temor. Bella y trágicamente, es con esa fuerza de vida con lo único que cuentan por seguro, para reivindicar la educación en base a esa esperanza; para revalidar la escuela dignificando la fuerza de esa vida; para alimentar la sabia de las aulas con nuestro mejor tesoro todavía no perdido.

Uno de los últimos libros escritos por Paulo Freire, La pedagogía de la Esperanza ( Siglo Veintiuno Editores, 1993) se cierra con un comentario sobre la visita que el pedagogo y su esposa hicieran a El Salvador en Julio de 1992. Es precisamente ese último párrafo (página 191) el que devela su convicción como educador y escritor, como pensador y humanista:

“Las más duras dificultades, las carencias y las necesidades del pueblo, las idas y venidas del proceso que depende de muchos factores para solidificarse, nada de eso ha disminuido, en Nita y en mí mismo, la esperanza con que llegamos a El Salvador, con que vivimos una semana en El Salvador y con que dejamos El Salvador.

La misma esperanza con la que termino esta Pedagogía de la Esperanza.

P.F.

Septiembre de 1992”

Esta esperanza que aquella escritora ve, y que el más importante educador de nuestro continente viera hace dos décadas, reflejada en la gente de un pequeño país, es un fuego encendido que arroja luz – intermitente, sí, pero luz al fin- hacia el porvenir de nuestras más queridas utopías.

Jorge Castellón

Junio 20 2011


Publicado en : Contrapunto. El Salvador.

http://www.contracultura.contrapunto.com.sv/columnistas/la-esperanza-de-un-pais




Borges y el cuento de los dos hombres que sueñan… un mismo sueño.


Borges y el cuento de los dos hombres que sueñan… un mismo sueño.

Un día 13 de junio muere Borges en Ginebra. Ya se cumplen 25 años de su marcha…En la ciudad más cosmopolita de Suiza, ha de esperar la muerte aquel autor que fue capaz de reunir el universo de las culturas y las ideas en la brevedad de sus cuentos y ensayos; en la lúcida profundidad de su poesía.

Borge, como todos sabemos, se enorgullecía más de sus lecturas que de sus libros escritos. Y vivió incansablemente en su tarea de –no solo escribir- sino conocer, conocer los mitos y los lenguajes. Se dedicó por ejemplo, al estudio de los orígenes de la lengua inglesa: estudió el escandinavo, viajó a Islandia y pudo llegar a conocer más que ningún otro escritor de lengua española, el antiquísimo idioma inglés. Su lápida, está escrito en esa lengua en su forma antigua.

Murió haciendo literatura. Murió, el mismo, preso de las sorpresas del laberinto del destino; murió, juntando con sus actos, las orillas de una madeja incompresible, hecha de aquellos mismos azares de los que tanto escribiera.

Ayer se supo, gracias a una conversación con María Kodama sostenida en Madrid, que Borges murió aprendiendo árabe. Al ser contratado el instructor, la identidad del estudiante no le fue revelada, y por obra de una sentencia del propio escritor - un hombre es al final su destino-, el profesor llegó a la puerta de aquel desconocido. Al verlo, rompió en llanto: era aquel egipcio un lector de todas las obras de Borges traducidas al árabe.

Se cerraba un círculo del universo de otro laberinto: dos hombres con diferente lenguaje, se encontraron. Uno conoció un lector que le había amado desde una lengua extraña; el otro, a aquel escritor que le había regalado felicidad, desde aquella misma extrañeza que parece separar a las gentes y a las culturas. Pero ambos, un día, se habían entendido con el lenguaje de la literatura, que es un lenguaje, quizás, que borra todas las diferencias.

Literalmente sus manos se tocaron. Con la tibieza del mutuo aprecio, aquel hombre dibujaba con sus dedos los caracteres árabes sobre la palma de la mano de aquel ciego…

Jorge Castellón

Junio 12 de 2011

Publicado en : Contrapunto. El Salvador

http://www.contracultura.contrapunto.com.sv/estante/borges-y-el-cuento-de-los-dos-hombres-que-suenan-un-mismo-sueno

Un encuentro con Kundera


Un encuentro con Kundera

Leer, escribir y comentar parece ser un proceso que para el escritor o la escritora, es siempre una tarea de creación constante. Esa persona que escribe y lee, recrea quizás esa lectura desde una posición distinta al lector común. Y esa re-creación de la lectura se expresa tanto en su escritura, como en su reseña de la obra ajena, en su comentario de un oficio que bien conoce.

Probablemente sea cierto que el escritor o la escritora, lee escribiendo y escribe leyendo, pero no es menos cierto que al pensar en la obra ajena, al comentarla, pasa de la lectura y la re-lectura, a una nueva literatura nunca menos bella o efímera: al artículo o al ensayo literario. Y muchas veces, en esa re-lectura inacabada -que por un momento se detiene en ese artículo o en ese ensayo-, se atisba un camino, se descubre una tendencia, se devela una verdad, hasta entonces desconocida para todos.

Hay dos antecedentes importantes de este tipo de literatura en Latinoamérica, uno, son los ensayos contenidos en La geografía de la novela (1993) de Carlos Fuentes, y el otro es La verdad de la mentiras (1990) de Mario Vargas llosa. Ambos novelistas, lectores asiduos, nos ofrecen una perspectiva nueva y lúcida, pero también humanista, de ese género que Fuentes ya ha llamado “el espacio donde convergen todos los géneros”. Y en este sentido ambos hablan en esas obras –con hondura y pasión- sobre lo que más conocen y aman: la novela misma

Del lado europeo, con El arte de la novela (Tusquets,1986), Milan Kundera ya había mostrado su ingente capacidad de elaboración interpretativa del género. Ahí, el escritor resalta que “descubrir lo que solo una novela puede descubrir es la única razón de ser de la novela” y se adentra en esa perspectiva que ve a la novela como una manera –quizás superior a la ciencia y la filosofía- de conocer los diferentes aspectos de la existencia humana, es decir, ese cotidiano ensayo de la ambigüedad, permitiendo que se rescate –dice Kundera- a “un a un ser olvidado”: el ser humano.

Siguiendo esa perspectiva, en su último libro de ensayos breves, titulado Un encuentro (Tusquets, 2009), el autor checo, despliega una profunda comprensión y justipreciación de una serie de obras literarias (novela y poesía) y artísticas (música y pintura) desde puntos de vista poco comunes -y por lo tanto novedosos-, y es capaz de, por un lado, ahondar en sus significados como obra artística, y por otro, acercarse a varias obras y encontrar su “factor común”, el hilo invisible que las reúne, el resplandor que las asemeja.

Un encuentro, es un libro que comenta sobre literatura, poesía y música, como solo un gran escritor interesado por lo universal y por la infinita cultura humana, puede hacerlo. En el capítulo que titula Novelas, sombras existenciales, el autor hace gala de su fina intuición literaria y es capaz, con la mayor economía de palabras posible, de regalarnos la más profunda observación sobre esta y aquella novela, que para él, ha marcado el paso en la escritura narrativa contemporánea. Nos devela los rasgos sustanciales, la novedad artística, la esencia alegórica, la universalidad que toda gran obra de arte contiene.

De Cien años de soledad, dirá, por ejemplo, que con ella, la era de la novela –como antes la veíamos- terminó, y que “el tiempo del individualismo europeo ha dejado de ser su tiempo”; que la novela se abrió a partir de entonces, al advenimiento de la “procreación” del personaje en multitud de personajes: grupo, familia, comunidad, pueblo. El individuo dejó de ser el centro de la novela.

Destacan a la vez, otros temas -¿ y qué tema no es humano?-: la naturaleza de lo cómico en Dostoievski; la sensualidad en la narrativa de Philip Roth; los recuerdos, en la novela de Juan Goytisolo; la esencia de las edades, en Gudbergur Bergsson, entre muchas alusiones interesantísimas sobre autores y obras, que se escuchan poco, pero que al ser reseñadas, se nos hace descubrir su enorme significado y universalidad: Schönberg, Beckett, Xenakis…

El libro recorre las obras hilvanándolas con temas como la libertad, la tradición, la alegoría, la soledad, la memoria. Y al final del libro, Kundera se adentra en el lenguaje secreto, en la infinidad simbólica a la que siempre aludía Borges en el texto literario, y he ahí, sus visiones, llamémosles así, de esa que el titula la Archi-novela: La piel (1949), del italiano Curzio Malaparte. Es este un comentario audaz, fino, esclarecedor, creativo. Una inesperada lectura de los símbolos y las terribles alegorías de la literatura, y uno pasa a confirmar lo que el mismo Borges acierta: “[ que la novela, la literatura] es un símbolo múltiple, un símbolo capaz de muchos valores, acaso incompatibles [ ].” Y desde donde es fácil imaginar que quizás El Aleph… no es otra cosa más, que la misma escritura.

Al leer uno de estos textos breves de Kundera, el escritor logra su cometido: la invitación a la lectura, y con ello, a la re-escritura de esos libros.

Jorge Castellón


Publicado en : Contrapunto. El Salvador

http://www.contracultura.contrapunto.com.sv/columnistas/un-encuentro-con-kundera