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La masacre del Mozote

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Lunes 11 de Diciembre de 2006

Nunca será tarde.

Recordar la masacre de El Mozote y revivir el deseo y derecho de que se haga justicia… nunca será tarde, aun después de 25 años. Cuando pienso en El Salvador, mi país, en su historia, llegan a mi mente hechos muy trascendentes que nos han constituido en lo que somos: un pueblo herido, burlado y un pueblo, que pese a todo, no pierde la esperanza de hallar esperanza… escondida en alguna parte. Esa cualidad y esa desgracia de ser un pueblo dolido y al mismo tiempo un pueblo esperanzador, no es casual, nos hemos ido forjando por medio de la desgracia, la injusticia, la mentira, la masacre y la pobreza. Y nos hemos ido defendiendo, desde la trinchera cotidiana de nuestra casa, con la idea lejana de que mañana quizás será mejor: habrá algo que comer, habrá… paz; no temblará; dejará de llover; o simplemente, o trágicamente, estaremos vivos. Los salvadoreños y salvadoreñas siempre hemos vivido en la incertidumbre del mañana.

Nuestra historia, n…

Las casas de Armstrong y Trotsky

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34-56 107th St, Corona, NY 11368




Cto Interior Avenida Río Churubusco 410,  Del Carmen, 04100 Ciudad de México, CDMX, Mexico


La invitación para que otra persona visite la casa de uno por primera vez, tiene un significado especial. No es un acontecimiento corriente en la vida de comunicación, de relación social o de amistad. Abrir la propia puerta es abrir la mano y abrir el corazón hacia esa otra persona que llega, por invitación, a nuestra vida.
Es que la casa, en el mejor y más hermoso de los casos, es, o debe ser, nuestro espacio de vida, nuestra morada, el lugar del ocio y el reposo; del sueño y de la restauración; del resguardo y de la repetición placentera de la rutina sagrada que nos conforma.
Visitar la casa de otro, por su parte, es un acto parecido al de recibir un abrazo. Es una bienvenida, una iniciación, un comienzo donde la persona conocida que somos, pasa a ser del todo, ya, un amigo.
Pero también hay otra forma de visita. Aquí no hay invitación, y el anfitrión, ya ha muerto. …

Alice Munro. Vida querida

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Vida querida, querida vida.




Los cuentos de Alice Munro se deben leer uno cada día. Al menos, eso es lo que he llegado a vivenciar con su lectura. Hay tanto enterrado bajo el suelo de una casa ya vacía. Hay tanta fuerza en esa corriente dulce del rio de esas vidas contadas. Tanto ímpetu contenido, tanto grito ya ahogado, tanta desdicha ya aplacada y domada, tanta soledad sosegada, que mientras se va de una vida a otra, de esta a aquella historia, apenas queda el tiempo suficiente de comprenderla, de entender el sentido de esa vida, de asimilar sus proezas heroicamente tan comunes.
Me es imposible saltar de esta historia a la otra como un veloz y voraz lector que no soy. Me quedo instalado en esa casa silenciosa y sus ruidos del pasado; en ese sendero que lleva a ese rio que solo se adivina. Me quedo a vivir en esa habitación de secretos de esa mujer solitaria, de ese hombre casi invisible a las vidas ajenas.  Me quedo con ese intento de cada uno, por vivir su propio destino tan calladame…

Quizás, quizás, quizás

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El rostro es el escenario.

Beegie Adair Trio toca Autummn Leaves

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Cuántas versiones de esta pieza... de Evans, Getz, Jarret, Desmond, y tantos otros. Y ahora, para embellecerla más aún, esta versión.
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México. Las cúpulas del sol.

Me despedí de México la última vez, por el mismo lugar por donde entré nuevamente a la gran ciudad, después de treinta y dos años de ausencia: La estación de Bellas Artes. Bajé las gradas que van hacia el subsuelo, mirando con tristeza, pero también con esperanza de volver a volver, las cúpulas doradas de sol de aquel blanco palacio que recordaba de antaño con confusión y entusiasmo. En ese año ochenta y cuatro lo había recorrido maravillado, mudo. Había visto por primera vez esos murales y me veía tan pequeño frente a su imponente altura y su universal grandeza. Miré, miré y miré, sin abarcarlos, dejándome llevar por esa primorosa curiosidad y sorpresa con las que se vive cada experiencia nueva de la vida en esos años infinitos de la más que primera juventud.
Esta vez, a punto de cumplir mis cincuenta años, de la mano de mi hijo, irrumpí en la sala principal de Bellas Artes con el corazón en la otra mano. Me olvidé de pagar la entrada. Regresé a la ventanil…

Jazz y Fado

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Fado y Jazz


Nuevamente, un comentario de Antonio Muños Molina, me lleva a un gran descubrimiento: Julio Resende. Un exquisito pianista a la misma altura -como anota Muños Molina- que el Keith Jarret que tanto nos impresiona.

Es que, lo que Chucho o Bebo hacen con el bolero, o Jarret con los Standards lo hace Resende con ese canto bello y triste que es el Fado.


Una vez más, el Jazz reina sobre todas las cosas...